Claro, tengo más que contar, pero no quería saturar demasiado al lector con un solo post. Voy a contaros el por qué de mi llegada a la resi a las 2 de la madrugada.


Mis padres y Glori me dejaron pasando el control de seguridad del aeropuerto de Málaga a eso de las 18.30, disponiendome yo a buscar mi puerta de embarque seguidamente. Ahí empezaron los retrasos pues el embarque se retrasó en torno a 20 minutos, hasta las 19.00. Estuve un rato dando vueltas y cuando anunciaron la puerta, la cola era larguísima y no estaba especialmente bien colocado.


De vuelta a Oldenburg, pues si. Ya estoy aquí de nuevo, con un más que merecido resfriado y con mucho trabajo por delante. Lo que me queda de aquí a febrero es estudiar y estudiar.


He pasado unas muy buenas navidades en casa, en San Fernando. Creo que pueden haber sido de las mejores que he tenído. Normalmente, las fiestas, son una continuación más del año en que para algunos no cambia nada excepto en que hay que comprar regalos. Para mí ha sido la vuelta a casa, con mi novia, mi cama, la comida de mi madre, mis amigos, mis sobrinos, el clima, etc.


Han pasado ya más de tres semanas desde que comenzó mi aventura alemana y en todo este tiempo ahora es cuando empiezo a poder parar un poco para analizar lo que ha sido y lo que va a ser.


La primera semana era casi utópico pensar en que podía hacer algo que no fuera la Orientation Week. Todo el tiempo estaba ocupado en actividades para los estudiantes extranjeros. Que nos llevaran de la mano a todos sitios me ayudo a conocer mucha gente, la universidad y la ciudad.


Esta primera semana también salí mucho, ya que hasta la semana pasada no hemos empezado las clases.


Me encanta el inglés, lo adoro. Me encanta oirlo, hablarlo e incluso escribirlo. Cuando digo que me gusta el inglés digo con acento británico. Realmente me parece degradante para el idioma el acento norteamericano.


Abren demasiado las palabras y parecen un poco piratas con tanto arrastras las r. En este video ilustramos la diferencia con una profesora americana tratando de ilustrar a sus alumnos con claros ejemplos.


Uff que poco me queda en España ya. LLevo desde el lunes liado con despedidas y la verdad es que estoy un poco harto, pero no de despedirme sino de comer.


Si si, de comer. Aquí despedirse de alguien significa o comer o cenar juntos. Cosas muy lógica por otro lado. Pero cuando te has despedido 4 veces la verdad es que te cansas. Leñe que me estoy poniendo fondón de tanto despedirme.


Que suerte que tengo. Hoy me ha mandado un correo mi buddy, el alumno de la universidad de Oldenburg que me ayuda en tema de papeles e integración, diciendome esto:



Hello Fernando,

I hope you are doing fine. Now, just some days before your arrival I got some more information and answers to your questions:

Todo el que sea de Cádiz y alrededores conoce la historia del perro Canelo, aquel que cuando su dueño murió en el hospital, se quedó hasta su muerte esperando fuera.


Pero hoy os cuento la triste historia de Bobby Greyfriar, un pequeño terrier que estuvo sentado en la tumba de su dueño durante 14 años, desde su muerte en 1872. Aunque muchos no se lo crean, es una historia real.


Como la mayoría de las grandes ciudades, Edimburgo tiene estatuas de sus personajes más ilustres. Sin embargo, resulta curioso e inusual que la estatua más famosa de Edimburgo sea la de un perro. La estatua de Bobby se puede encontrar a las afueras del Bar Greyfiars Bobby, un pub famoso por estar asociado a la historia de este perro. En la iglesia del cementerio de Greyfriar, una placa en su memoria recuerda a este entrañable animal.